Servicios de Emergencia en Israel


Números telefónicos de emergencia:
- Policía: 100 http://www.police.gov.il/english
- Maguen David Adom (Servicios de Emergencias Médicas: 101 http://www.mda.org.il
- Departamento de Bomberos: 102 http://www.102.co.il/
en Servicios de Emergencias Médicas: Maguen David Adom Es el equivalente israelí de la Cruz Roja. Brinda servicios de emergencias médicas las 24 horas en la mayoría de los centros urbanos. También ofrece servicios de ambulancias a las salas de emergencia más cercanas.
Tel Aviv: 03 – 546 0111
Jerusalén: 02 – 652 3133
Haifa: 04 – 851 2233
Shakhal Se trata de un servicio privado que brinda asistencia en emergencias cardíacas.
Shakhal - 1- 800 – 444 666 // 1 – 800 – 221 818
Policía Turística
Los turistas también pueden comunicarse con la Policía Turística al: 03 – 516 5382 en caso de emergencia. La Oficina de la Policía Turística está ubicada en la esquina de las calles Geula y Herbert Samuel, en Tel Aviv.

viernes, 23 de octubre de 2009

Israel y Alemania se enfrentan por un manuscrito de Kafka

Israel y Alemania se enfrentan por el manuscrito de "El proceso", de Kafka
El original se encuentra el Archivo de Literatura Alemana de Marbach, pero la Biblioteca Nacional Israelí reclama por su regreso.
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FRANZ KAFKA. La batalla por el legado del escritor checo suma otro capítulo.


Kafka, como han señalado muchos ensayistas, nunca terminó de saber a dónde pertenecía y su doble condición de miembro de las minoría alemana y de la minoría judía en Praga hacia más difícil esa búsqueda de la identidad. Ahora, se discute también donde deben estar sus manuscritos -aunque los checos, que tardaron en descubrir a Kafka no han entrado en la discusión- lo que también vuelve a abrir la cuestión de a dónde pertenece el autor del proceso. El original de El proceso está, desde 1988, en el Archivo de Literatura Alemana de Marbach pero ahora el director de la Biblioteca Nacional Israelí, Schmuel Har Noy, exige que el documento sea devuelto a Israel para poner fin a "una injusticia histórica". El manuscrito de El proceso, al igual que los otros manuscritos de Kafka, ha tenido una historia que en parte refleja también la historia del siglo XX. La odisea de los documentos empieza ya con ese momento en que Kafka, ya moribundo, le pide a su amigo y albacea testamentario Max Brod que queme sus manuscritos después de su muerte, en 1924. Brod no sólo no cumplió la última voluntad de Kafka -que había editado pocos textos- sino que publicó sus obras, que le darían una fama mundial póstuma y lo rodearían además de un aura de leyenda. Además, Brod conservó los manuscritos originales y en 1939, cuando logró huir de Praga con destino a Palestina, se los llevó con él en una maleta. Brod murió en 1968, en Jerusalén, y su secretaria, Esther Hoffe, heredó sus bienes, incluidos los manuscritos de Kafka que ya para ese momento era visto como un indiscutible clásico de la modernidad. En 1988, Hoffe decide separarse de parte de los documentos kafkianos y vende, entre otras cosas, el manuscrito de El proceso que fue adquirido por el Archivo de Literatura Alemana -por cerca de 2 millones de dólares- en una subasta realizada en Londres. Cuando murió, le dejó a sus hijas Ruth y Hava lo que quedaba del archivo de Max Brod, en donde se sospecha que hay otros manuscritos de Kafka, además de otros bienes de alto valor pero el proceso de sucesión se encuentra bloquedado por culpa de "El proceso". El director del Archivo, Ulrich Rauff, sostiene que no hay duda alguna sobre la legalidad de la adquisición del manuscrito, que se hizo "ante los ojos del mundo" sin que se hubiese presentado reclamaciones en los 21 años que han transcurrido desde entonces y se ha declarado irritado por las exigencias israelíes. Rauff no ve razón para devolver el manuscrito que forma parte de la tradición de la literatura en lengua alemana. En Israel se sostiene que con la venta de el manuscrito de El proceso en una subasta en Londres se violó una ley nacional que prohíbe sacar bienes culturales del país. Otro argumento es que con la venta del manuscrito no se respetó la última voluntad de Max Brod, a lo que hay quien responde que, si del respeto de las últimas voluntades se tratara, el documento debería quemarse como lo había pedido Kafka.

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